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recibe el nombre del pueblo. Existen dos puentes
que unen las dos partes de la localidad conocidas
como El Lugar y La Peña. La mayoría de los pueblos
pequeños del Macizo del Caroig fueron poblaciones
árabes, por lo que sus cascos antiguos muestran un
bello laberinto de tortuosas calles estrechas con sus
casas blancas; éste es, sin duda alguna, el caso de
Bolbaite. El casco histórico de la villa, llamado
Ravalet, está compuesto por un entramado de
callejuelas que discurren alrededor del Castillo de
Bolbaite. Es imprescindible acudir al paraje del río
Sellent. Bajo el Puente Viejo, en un pequeño
remanso de aguas, se encuentran multitud de patos,
ocas y enormes carpas. Más arriba el cauce del río se
convierte en una zona de asueto, con un lago
natural apto para el baño, merenderos, fuentes y
una zona recreativa. Subiendo por el río, nos
encontramos con el Gorgo Cadena, con una cueva
sumergida dentro del Gorgo de gran interés
espeleológico. Tras nuestro paso por Bolbaite, y sin
salir de la CV 580, llegamos enseguida a Chella. El
pueblo de Chella también tiene una trama urbana
de claras reminiscencias árabes. Un paseo por los
alrededores de la villa debe comenzar en el Mirador
y sus amplias panorámicas; seguirá en el Salto, con
las ruinas de una central eléctrica y con un entorno
de exuberante vegetación que esconde la cueva de
la Lluvia. Además, nos sorprenden las cuevas del
Turco y el barranco del Lobo, en las que se han
descubierto importantes yacimientos
arqueológicos, en concreto sílex y cerámicas desde
el Mesolítico hasta la edad de los metales. Tras
Chella llegaremos enseguida a Anna. Si hasta el
momento nos hemos admirado por la cantidad de
lugares que el agua nos brinda por esta zona de la
Comunitat Valenciana, se puede decir que Anna es
la capital del agua de la comarca de la Canal de
Navarrés, como bien atestigua la laberíntica red de
canales que forman embalses, lavaderos y cascadas.
En Anna abundan los manantiales y, en torno a las
corrientes de aguas frescas y cristalinas, crece una
frondosa vegetación. Anna se ha transformado
últimamente en uno de los destinos turísticos
preferidos por parte de los valencianos amantes de
la naturaleza. El Ayuntamiento decidió, hace unos
años, realizar una fuerte inversión para desarrollar el
turismo creando un camping municipal, una oficina
de información y un parque de ocio junto al lago de
la Albufera. La Albufera de Anna, situada a un
kilómetro aproximadamente del casco urbano, es un
lago de agua dulce, rodeado de una frondosa
vegetación compuesta, principalmente, por sauces y
chopos, que recibe el agua de distintos manantiales
que brotan, algunos de ellos, del propio lago. La
Albufereta, como también es conocido el lago en
referencia a que es más pequeño que La Albufera de
Valencia, mide unos trescientos metros de longitud
por unos ciento ochenta de ancho. Además de ser
un privilegiado paraje en el que deleitarse con la
belleza de la naturaleza, el caudal de agua que
emana de La Albufera, unos 24.000 litros por minuto,
según épocas, fertiliza cerca de quinientas hectáreas
de campos de cultivo. La Albufera no es el único
lugar reseñable del pueblo de Anna. La villa está
dividida fundamentalmente en dos núcleos: en la
zona más elevada, el barrio de Las Eras, y en la parte
más baja, el casco antiguo. Por esta zona discurre un
copioso manantial, que proporciona una singular
alegría y sensación de frescor en calles tan populares
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