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privados de caza. Además, entre sus incontables
barrancos, se pueden encontrar águilas y buitres.
Desde el entrañable poblado morisco del Otonel
hacia el sur y el oeste, miles de hectáreas forman
parte de la muela de Cortes de Pallás y del Macizo
del Caroig. Este espacio natural se muestra al viajero
como el territorio más salvaje, deshabitado y libre de
infraestructuras de todo el conjunto de tierras
valencianas, el paraíso para la avifauna y los
mamíferos silvestres. Respecto a los yacimientos de
icnitas, nombre que reciben los restos de huellas
fosilizados, en este caso de dinosaurios, encontramos
tres en esta zona. El primero de ellos se encuentra en
el término municipal de Dos Aguas. El segundo en el
de Millares. El depósito de Millares es uno de los más
representativos de la Comunitat Valenciana, según
los paleontólogos y acoge los conocidos como
Tambuc Este y Tambuc Oeste. Cuentan con el mayor
número de icnitas, más de 200, de la Comunitat
Valenciana y, por otra parte, presentan muy buenas
expectativas de incrementar el número de huellas
expuestas. El Tambuc tiene muy buenas condiciones
de exposición y la posibilidad de crear itinerarios de
visitas y, además, se encuentra cercano al tercero de
los yacimientos, el de Bicorp, que está ubicado en el
Barranco del Randero. Volvemos a nuestra ruta por la
CV-580 y llegamos a Millares, dentro ya de la
comarca de la Canal de Navarrés. Millares fue una
población importante en tiempos de la dominación
musulmana. Por ello, su núcleo urbano tiene claras
reminiscencias árabes. Destacamos, además de su
castillo, la fuente de Las Donas, situada en la parte
baja de la localidad, con su balsa y una bien
acondicionada área recreativa. A unos cuatro
kilómetros de Millares, un desvío a nuestra izquierda
lleva hasta el histórico salto de Millares y su central
eléctrica, encajado entre los vertiginosos farallones
del río. Una vez hemos salido de Millares nos
adentramos en las montañas que, desde el mirador
situado antes de llegar a Dos Aguas, parecían dunas.
Desde aquí nos damos cuenta de que las montañas
recubiertas por el bosque bajo que habíamos
percibido están compuestas por coscoja, aliagas,
romero, palmito, savina y tomillo. La carretera CV-580,
antes de llegar a Bicorp, tiene innumerables curvas,
por lo que resulta aconsejable una conducción
tranquila y prudente para disfrutar del paisaje. El
trayecto es suficientemente largo como para sentir la
soledad de este desierto. Un recodo del camino nos
muestra el pueblo de Bicorp, rodeado por el
Barranco Moreno en forma de “C”. Destaca el
ecomuseo, donde se encuentra un centro de
difusión del patrimonio que funciona como eje
vertebrador y de gestión de los recursos del Parque
Cultural de la Canal de Navarrés. El ecomuseo nos
permite descubrir que todo el conjunto de cuevas y
abrigos del arte rupestre levantino de la zona está
declarado Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO. De entre todas las cuevas e itinerarios
destacan, sin duda alguna, la cueva de la Araña, por
sus pinturas con escenas de la recolección de miel, y
todo el conjunto de pinturas rupestres del Barranco
Moreno. A la cueva de la Araña se llega por una
tortuosa pista forestal desde la carretera que lleva a
Quesa, un kilómetro después de dejar Bicorp. El
camino remonta el sinuoso y espectacular discurrir
del río Cazuma, que regala innumerables pozas de
cristalinas aguas a los pies de sencillas cascadas.
Emociona sobremanera todo el trayecto hasta la
cueva de la Araña, entre desfiladeros, barrancos,
corrales, charcas de agua transparente o cuevas y, al
final del camino, sus pinturas rupestres. En 1920 se
realizó una expedición para estudiar las pinturas de la
cueva de la Araña a cargo del científico Hernández
Pacheco. Nada mejor que parte de los textos del
preámbulo de su estudio para acercarnos a las