como parte de sus dominios. Por ello, a lo largo de la
historia ha sido un lugar de parada y hospedaje.
Barracas está situada a una gran altitud, en torno a
mil metros, y en una llanura, por lo que esta zona es
conocida como el altiplano de Barracas.
Comenzamos nuestro trayecto por la vía verde y, a
nuestro alrededor, crecen extensos campos de
cereales que confieren a la llanura diferentes
cromatismos en función de la época del año y el
ciclo biológico del grano. Forman también parte del
paisaje en la actualidad los enormes molinos de
viento que generan electricidad eólica. Dejamos la
inacabable recta que nos conduce por el altiplano de
Barracas y nos encontramos con una zona
montañosa cortada para el paso del tren. En el
desmonte podremos observar, de forma muy
didáctica, ciertos detalles geológicos de los
materiales calizos de la zona: forma y dirección de los
estratos, potencia, composición y color. El desmonte
es un tramo de itinerario sugerente, agradable y
original entre una bien conservada vegetación de
encina, pino carrasco y matorral. En un suave
descenso nos encontramos con la estación de Torás
Bejís. La estación, obviamente ya abandonada, posee
ese misterio de los espacios que fueron habitados y
ya están en desuso. Puede ser un buen lugar para
realizar una parada. Existen, además de la estación,
otras casas alrededor abandonadas. Seguimos
nuestro camino tras el refrigerio y ahora la vía verde
describe dos curvas muy pronunciadas e
inicia un descenso prolongado
mediante tres túneles
encadenados que atraviesan las,
en otros tiempos, afamadas
cuestas del Ragudo. Estos
túneles que atravesaremos son
los primeros de un total de siete
que cruzaremos durante nuestra
ruta ya que existe otro pero está
cegado. La infraestructura
original de la vía del ferrocarril
desde Teruel a Sagunto constaba de catorce túneles
y treinta y siete viaductos. Emociona, como pocas
cosas a lo largo y ancho de la Comunitat Valenciana,
poder descender el escalón natural del puerto del
Ragudo, salvándolo con esta serie de túneles que,
con apreciable pendiente, hacen rememorar sin
pedaleo la velocidad del viejo tren de carbón. Entre
túnel y túnel se abren bellas panorámicas sobre el
entorno más inmediato y sobre el valle del Alto
Palancia en dirección al mar. Los túneles,
perfectamente iluminados pero conservando un
halo de misterio, sorprenden en verano por un
frescor digno de la mejor cueva. En invierno nos
permiten refugiarnos de las inclemencias del tiempo.
Podemos encontrar en las cuestas del Ragudo
curiosas formaciones de aguas temporales llamadas
navajos o lavajos, piscinas de lluvia como el Navajo
de Zalón, donde se generan pequeños ecosistemas
con una rica biodiversidad poco estudiada hasta el
momento. Por las cuestas del Ragudo veremos
bosques, principalmente de pino carrasco, y también,
conforme vayamos descendiendo, cultivos de olivos
y almendros. A derecha e izquierda veremos edificios
de viejas masías humanizando el paisaje. Una de las
más conocidas es la masía del Ragudo, que además
de justificar su existencia con la explotación de las
tierras circundantes estuvo ligada al eje de
Ruta 5
De Barracas a Sagunto