formado, a lo largo de la historia de la tierra, un
intrincado pasadizo entre enormes rocas de color
gris brillante. Desde la Vall del Laguar, camino de la
Vall d’Ebo por el Barranc de l’Infern, es necesario
tener material y conocimientos de barranquismo, por
lo que, los que no son expertos, deberán iniciar su
recorrido desde la Vall d’Ebo o, desde la Vall de
Laguar tomando la dirección contraria, río abajo. En
este caso nos encontraremos con la presa
abandonada de Isbert.
El sendero del Barranc de l´Infern, por sus
características peculiares, estado de conservación,
fauna y variedad en flora está catalogado por la
Federación Valenciana de Montañismo como la
“catedral de los senderos”. Dejamos la Vall de Laguar,
último reducto de la sublevación de los moriscos
valencianos, y nos dirigimos, sin salir de la comarca
de La Marina, hacia la costa.
De los cultivos de secano a
los naranjos, camino de Dénia
La siguiente población que nos encontramos una vez
hemos salido de La Vall de Laguar es Orba.
Comprobamos que los cultivos de secano han dado
paso a los naranjos que forman ahora el paisaje de esta
fértil tierra. El nombre de la población proviene del
árabe Ur-Obia cuyo significado es "lugar donde mana
el agua desde la montaña". Su origen morisco puede
ser percibido, aún hoy, a través de su artesanía
cantarera o bien analizando la estructura agrio-morisca
de la localidad. En el núcleo poblacional visitaremos la
casa fortaleza del Marqués de Dos Aguas, elemento
arquitectónico de gran interés. A dos kilómetros de
Orba encontramos la localidad de Benidoleig que, en
su origen, fue una alquería árabe de las muchas que se
instalaron en la ribera del Girona. Pueblo tranquilo con
una trama típicamente árabe en la que sus calles
estrechas y empinadas nos conducen a la Iglesia
Parroquial. En el término municipal y de camino a
Pedreguer nos encontramos con la cueva de les
Calaveres. Esta cueva debe su nombre a que, en una
expedición espeleóloga realizada en el siglo XVII,
fueron hallados los restos de doce personas,
presuntamente, agricultores musulmanes de la época
medieval que quedaron atrapados y murieron
buscando agua. La cavidad ya fue refugio del hombre
paleolítico hace más de 100.000 años. Se han
descubierto vestigios de enterramientos neolíticos y
otros que demuestran que la gruta se usó como
santuario donde se depositaban ofrendas, en ritos
generalmente vinculados a la fertilidad y culto a la
tierra. La cueva consta de 440 metros de longitud y
tiene dos zonas: una inundada, que ocupa una
distancia de 240 metros hasta el final y una seca, que
está habilitada para actividades turísticas. El agua de la
zona inundada es aprovechada para riego mediante
un túnel artificial. Un poco después bordeando el
barranco de Llosa, se llega a la más populosa villa de
Pedreguer, la cual se extiende por la falda norte de la
Muntanya Gran. Su trama urbana sorprende por la
excelente conservación de la arquitectura tradicional,
reflejada en sus fachadas de vivos colores, sus balcones
de forja de hierro, las piedras de los dinteles y las
puertas de madera cuidadosamente trabajadas. Entre
todas ellas destacan las viviendas de estilo modernista,
de principios del siglo XX. Dejamos Pedreguer y entre
caminos agrícolas por el llano llegamos a Dénia. A su
derecha se eleva el Montgó, gigante de piedra. Dénia
es la capital comercial, turística y portuaria por
excelencia de La Marina Alta. Dicen de ella que es un
paraíso en la Tierra por su clima, situación litoral, playas,
calas, acantilados, montaña faro, historia, por la
amabilidad de sus gentes... En ella se respira la historia
cultural mediterránea, con el paso por estas tierras de
pueblos como los fenicios o los romanos. De estos
últimos viene el origen del nombre de Dénia, del latín
Dianium. Entre su patrimonio cultural arquitectónico
destaca el castillo de época medieval y también
fortaleza militar moderna, actual sede del Museo
Arqueológico. Los barrios antiguos, que se encuentran
Ruta 11
De Cocentaina a Calpe