- 115
114
Vall de Gallinera, poblaciones
construidas bajo la lucidez morisca
Desde el barranco de la Encantada alcanzaremos el
collado de Benisili, puerta de entrada a Vall de
Gallinera dentro ya de la comarca de La Marina Alta.
En este punto nos remitimos a las palabras del
botánico valenciano Cavanilles
“su suelo es desigual y
abarrancado, pero tan poblado de lugarcillos, tan bien
plantados de árboles y aprovechado, que su vista
deleita, ahora se examine por partes, ahora se observe
desde las alturas. Desde el fondo hasta casi la cumbre
de los montes se ven campos en anfiteatro, y en ellos la
hermosa confusión que resulta de la variedad de árboles
y de producciones. Hay allí algarrobos, carrascas,
granados, moreras, pinos, nogales, olivos y cerezos”
.
Cavanilles escribió este texto a finales de siglo XVIII y,
sorprendentemente, sigue siendo un fiel reflejo de lo
que nos encontramos hoy en este lugar. Valle de
moriscos, con ocho poblaciones que constituyen un
solo municipio, y que se extiende, en dirección
noroeste-sureste delimitado, en la parte septentrional,
por la sierra del Almirant y la Serra Albureca y, en la
parte meridional, por la Serra Foradada y Les Llomes
del Xap. Nada más entrar en Vall de Gallinera desde el
collado de Benisili nos encontraremos con el castillo
de Alcalá o Benisili, declarado Bien de Interés Cultural,
que domina este paso natural. Las poblaciones que
visitaremos en Vall de Gallinera son Benirrama, Benialí,
Benitaia, Benisiva, la Carroja, Alpatró, Llombai y
Benisili. Todos ellos son pequeños núcleos urbanos
que forman un solo municipio y que nos
sorprenderán por su sencillez y tranquilidad. Resulta
perfecta su localización cercana a las fuentes y
manantiales, su orientación aprovechando las horas
de sol, su compacta trama urbana en la que las calles
aportan calidez en invierno y frescor en verano, al
igual que las casas con sus muros de piedra, barro y
madera. El río Gallinera discurre por todo el valle y los
cultivos de secano como los cerezos, almendros y
olivos dotan al valle de un cromatismo y una vitalidad
espectacular. Tras haber pasado por todos y cada uno
de los pueblos nos dirigiremos ahora a la Vall d’Alcalá
a través de la serra Foradada. Allí nos encontraremos
con el poblado íbero de Xarpolar, en el que podemos
observar los restos de un doble recinto de muros que
rodean y defienden el poblado, encontrando más
acumulación de piedras en las zonas de más fácil
acceso con el fin de aumentar la protección. Nos
encontramos, también, con la emblemática peña
Foradá, un agujero natural en la roca, que es el
elemento paisajístico más representativo de la Vall de
Gallinera. El encanto más grande que esconde esta
peña es un fenómeno astronómico único que se
produce dos veces al año. El día 4 de octubre y el 9
de marzo la luz del sol pasa a través del agujero de la
Foradá e ilumina los restos del antiguo Convento
Franciscano del siglo XVII. Dejamos Vall de la Gallinera
y nos adentramos en la Vall d’Alcalá.
La Vall d’Alcalà, poblados
herencia de una cultura árabe
profundamente arraigada
La Vall d’Alcalá es el verdadero corazón cultural y
sentimental, también militar, del asentamiento
morisco en las montañas de La Marina Alta. La Vall
d’Alcalà estuvo formado, en otros tiempos, por siete
poblaciones, denominadas Alcalà de la Jovada,
Beniaia, Criola, Benialí, Benixarco, La Roca y La
Adsubia. De estas siete quedan tan sólo dos: Alcalà
de la Jovada o Vall d’Alcalá y Beniaia: pueblos y
poblados herederos de una cultura árabe