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Un parque natural a caballo
entre el mar y la montaña
Comenzamos a andar por la Serra d’Irta y, nada más
salir de Peñíscola, encontramos un camino que nos
lleva a la ermita de Sant Antoni; lo tomamos y en este
recorrido de cuatro kilómetros ya observamos el tipo
de vegetación que nos va a acompañar durante este
paseo por el parque natural de la Serra d'Irta. El típico
matorral mediterráneo se extiende por estas
montañas con peculiaridades destacables.
Encontramos, como es habitual, coscoja, lentisco y
enebro, pero el palmito tiene, en estas tierras, unas
dimensiones especialmente grandes. Además, en Irta
crece una planta exclusiva del lugar, un endemismo
conocido como geranio de Irta. Llegamos a la ermita
de Sant Antoni, obra del siglo XVI, que comprende el
edificio de la misma ermita, la casa del ermitaño y una
hospedería. Con su localización a más de 300 metros
de altitud se convierte en un mirador excepcional del
parque natural en su vertiente norte. Anualmente,
durante el mes de abril, se realiza una tradicional
romería a esta ermita desde Peñíscola, acompañada
de numerosos actos festivos. Volvemos sobre
nuestros pasos hasta la senda del Pebret y realizamos
nuestro recorrido por la zona más pegada al litoral. En
este primer tramo la Serra llega, literalmente, hasta el
mar, y nos encontramos con acantilados con más de
cincuenta metros de caída libre. Abajo el
Mediterráneo, tranquilo, rebosa de azul. Aparece
pronto la torre Badum, torre de vigía construida en el
siglo XVI como medida de prevención ante los
ataques de los piratas turcos y berberiscos. La
localización de la torre Badum es el mejor lugar para
valorar, en su conjunto, la calidad ambiental y
paisajística de este tramo del litoral valenciano. En
este entorno de la torre Badum existe una
microreserva natural con los únicos ejemplares de
una planta llamada saladilla. Este endemismo crece
en pequeñas áreas acotadas. Se ha censado en los
últimos años una población que oscila entre los 40 y
400 ejemplares. El acantilado, segundo más alto de la
Comunitat Valenciana, es refugio de numerosas aves,
principalmente, cormoranes y gaviotas. También esta
zona es privilegiada para la práctica del
submarinismo, y como dato curioso, cabe reseñar que
del fondo del mar emergen numerosos manantiales
de agua dulce. Seguimos andando por la senda del
Pebret y descendemos los vertiginosos acantilados de
la Torre Badum para encontrarnos con una franja
litoral en la que se desarrollan acantilados medios y
bajos, zonas rasas y calas y playas de cantos, gravas y
arenas. Todo este litoral es solitario y prácticamente
virgen. La primera cala de arena que nos
encontramos es la playa del Russo, que conserva
excelentes formaciones dunares con especies
vegetales adaptadas: un lugar tranquilo donde el
Mediterráneo muestra aguas cristalinas. Avanzando
dirección sur, una vez atravesada la Playa del Russo y
la Playa del Pebret, a pocos metros tomamos un
camino a la derecha señalizado hacia el Pou del Moro.
Subimos por las laderas de la montaña a través de un
camino rural, en el corazón de la Serra d’Irta, para
encontrarnos con bosquetes de pino carrasco y áridas
ramblas y descubrir el Pou del Moro, pozo romántico
y verdinoso que bosteza entre juncos, palmitos y
olivos. Cuentan que el apelativo obedece a que en
este lugar se refugió un morisco cuando la expulsión
de éstos tomó un cariz sangriento. Siguiendo por el
mismo camino llegamos al Mas del Senyor, una
ruinosa masía con zona recreativa que incluye olmeda
y manantial, sin duda alguna un lugar ideal para