El Papa Luna, en un momento de máxima presión, con
casi todas las grandes potencias decantándose por la
autoridad papal de Roma, decidió autoexiliarse de
Avignon a Peñíscola y en el castillo templario murió a
los 95 años reivindicando que él era el verdadero Papa.
Alrededor del castillo se extienden diversas murallas
defensivas de diferentes épocas; entre ellas se sitúa la
trama urbana histórica, que muestra una estructura
arábigo-medieval, con su laberinto de calles
empedradas, con escalones y fuertes rampas, que
llevan, la mayor parte de las veces, a terrazas que miran
al mar. El casco antiguo de Peñíscola no dejará de
ofrecernos curiosidades como la del bufador, gran
orificio entre las rocas por el que el agua del mar surge
de forma brusca en días de temporal. En invierno y
fuera de épocas vacacionales Peñíscola muestra su
cara más tranquila, ofreciendo al visitante su puerto,
sus playas y un entorno de montañas apacibles y
gratificantes. Saliendo de Peñíscola, en dirección sur,
entraremos en el parque natural de la Serra d’Irta. El
parque natural está formado por dos alineaciones
montañosas con una altitud máxima de 543 metros,
paralelas a la costa y separadas por el valle de Estopet.
Debido a su cercanía al mar, sus montañas descienden
abruptamente, formando, a lo largo de 12 kilómetros,
numerosos acantilados, calas, cornisas y arrecifes
marinos. Su gran singularidad es, precisamente, la
combinación del mar y la montaña en escasos metros,
lo que permite contemplar, desde los picos más
elevados, espléndidas panorámicas de la costa, e
incluso, se pueden llegar a ver las Illes Columbretes. Un
hecho histórico reseñable respecto a la conservación
de la Serra d’Irta fue la constitución en 1907 de la
Comunidad de los Montes de Irta. Los labradores y
jornaleros de Peñíscola presionaron al ayuntamiento
para que no se subastase los montes pertenecientes al
estado y se cediesen para el aprovechamiento comunal
y evitar así la emigración. El territorio se declaró
indivisible, lo que contribuyó a su conservación. Todo el
parque se recorre en nuestra ruta bordeando el mar
mediante una pista sin asfalto que se corresponde con
una antigua vía pecuaria conocida con el nombre de
Pebret, a lo largo de unos veinte kilómetros, desde
Peñíscola a Alcossebre. Desde dicha pista litoral parten
innumerables caminos rurales que recorren la sierra y
que permiten, mediante senderos homologados,
acercarse al rico patrimonio cultural.
Ruta 3
De Peñíscola a Castellón de la Plana