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que guardan pinturas rupestres. Las pinturas
prehistóricas de Ares del Maestre fueron declaradas
por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, junto con
el resto del arte rupestre levantino.
Retomamos nuestra ruta a Ares del Maestre, que nos
sorprende a primera vista por su particular localización,
ya que se encuentra a 1.195 metros de altura, al pie de
la Mola D´Ares (1.318 metros). Sus casas se encuentran
escalonadas bajo la muela formando un semicírculo
entre la Mola del Castell y la Mola d´Ares. Su imagen
nevada en invierno es una maravilla. Por encima de sus
casas sobresale la iglesia de la Virgen de la Asunción,
del siglo XVIII, con fachada barroca en piedra. Frente a
la iglesia está el ayuntamiento, en el que destacan sus
arcos góticos. En Ares podremos disfrutar de su
gastronomía con ricos quesos, cecina, garbanzos con
ajoaceite, perdiz y la olla de Ares.
Camino de Catí, por los últimos
bosques primigenios de nuestras
montañas
Dejamos atrás Ares para continuar nuestra ruta por los
lugares más apartados del Alt Maestrat. Hasta Catí nos
dejaremos llevar por los territorios que conforman
paisajes culturales y naturales considerados como de
los mejor conservados de todo el itinerario. Una pista
de montaña nos llevará por fuentes vinculadas e
integradas en el mundo rural -Regatxol, de les
Guitarres, de la Pinella...- y, entre masías y corrales
como Mas de les Casetes, Magres, Planet o Blai,
alcanzamos un grupo de masías que forman la
población de Llàcua, con tres calles y un clima duro, a
más de mil metros de altura. Llegó a tener sesenta
vecinos censados, pero en la actualidad tan sólo viven
dos familias, y las antiguas escuelas se han convertido
en casas rurales. La iglesia de Llàcua abre sólo sus
puertas algunas fechas muy señaladas como el día de
la romería de Catí a Sant Pere de Castellfort.
Dejamos los llanos de la Llàcua y camino de Catí,
entre encinas y robles, pasamos por la masía de
Salvassoria, donde descubriremos los últimos
bosques primigenios de nuestras montañas, en los
cuales viven en libertad cabras, jabalíes, perdices y
zorros. Se trata de un tramo al que sólo se accede
caminando, por lo que para continuar nuestro
recorrido a Catí habrá que rehacer parte de camino
por la CV-15. Para los que han continuado a pie o en
bici se abre al paisaje del valle entre forraje,
almendros y olivos, la villa de Catí. La tranquila
localidad es conocida entre otras cosas por la bondad
de sus aguas, del manantial del Avellà y por su
balneario. En un paseo podremos contemplar
edificaciones medievales entre las cuales destacan la
Casa de la Vila y la Casa Miralles, ambas del siglo XV,
de estilo gótico. Completaremos nuestra visita a Catí
acudiendo a la iglesia parroquial, del siglo XVI. Además
de este monumento religioso, en el término de Catí se
encuentran ermitas con agradables entornos rurales
como la de Santa Ana y la de Sant Vicent Ferrer.
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