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Camino a Benicarló, pasando
de los olivos a los naranjos
en busca del mar
Un tranquilo camino rural, que deja de lado las
carreteras CV-10 y CV-135, permite llegar hasta
Cervera del Maestre bordeando el río de Sant Mateu
entre almendros, olivos y algarrobos.
El núcleo urbano de Cervera del Maestre respira
sosiego y su arquitectura tradicional transmite una
armonía estética que invita a pasear por el
emplazamiento en el que destacan las ruinas del
castillo de Cervera, del siglo XI, el Mas d’Aragó, una
villa agrícola romana fundada por los griegos
focenses en el 331 a.C, y el Museu de l’Oli, localizado
en un antiguo molino de finales del siglo XVI y que
se conserva perfectamente.
Nos sorprenderá, también, la capilla de Sant Sebastià,
que fue construida originariamente como hospital y
es una de las más singulares de la Comunitat
Valenciana. Además podremos visitar la iglesia
parroquial, dedicada a la Virgen de la Asunción, y la
cercana ermita del Carmen.
Poco después descubriremos la villa de Càlig, en la
ribera de la espectacular rambla de Cervera, rodeada
de cultivos de olivos y almendros. Càlig está situada
encima de una colina sobre el nivel del mar y, pese a
los arreglos y derribos de viviendas de los últimos
años, conserva inalterado el trazado de las calles y
algunas portaladas trabajadas con sillar, sobre todo en
el núcleo de la villa. La torre de Càlig, del siglo XVII,
trabajada con piedra sillar, ha sufrido a lo largo del
tiempo algunas modificaciones y su uso ha sido muy
diverso: prisión, almacén o, incluso, ayuntamiento.
Entre sus monumentos religiosos destaca la iglesia
parroquial, alzada en el siglo XIV aunque acabada
definitivamente en 1659. Durante la Guerra Civil el
interior de la parroquia fue vaciado de retablos y
ornamentos y, al acabar la contienda bélica, se
construyeron nuevos retablos, entre los que destaca
el del altar mayor dedicado al patrón de la villa, San
Lorenzo. Merece la pena desplazarse a un kilómetro
de la población para visitar la ermita de la Mare de
Déu del Socors junto a un agradable entorno que
invita en el verano a pasear por la zona.
De los olivos pasamos a tierras donde el naranjo es el
cultivo por excelencia. Llegamos a la ciudad de
Benicarló, último punto de nuestra ruta, y que es, al
mismo tiempo, una ciudad moderna y un pueblo
marinero celoso de sus tradiciones.
Benicarló es un lugar perfecto para disfrutar del sol y
del mar. Su litoral se divide en tres zonas de playa:
Mar Xica, Morrongo y La Caracola o Gurugú, ésta
última poco transitada e ideal para la práctica de
deportes náuticos.