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Esta ruta nos llevará por dos de los parajes más
deshabitados y salvajes de toda la costa
mediterránea desde Francia a Algeciras. Desde
Peñíscola, pueblo con un legado histórico
impresionante y una belleza digna de esta historia,
accederemos a la Serra d’Irta. Este parque natural
esconde, entre sus montañas de matorral bajo,
algunos secretos de los antiguos moradores y ofrece
un espectáculo natural emocionante, al estar
enclavada la sierra a pocos metros del mar. De la
Serra d’Irta llegaremos a Alcossebre. Allí nos
embarcaremos en un catamarán para conocer las
fascinantes Illes Columbretes, declaradas parque y
reserva natural. Tras esta visita, que nos dejará
asombrados, llegaremos a otro parque natural: el Prat
de Cabanes-Torreblanca. Esta antigua albufera es hoy
un conjunto de pantanos y marismas en los que se
desarrolla una biodiversidad singular. Tras nuestro
paso por el parque natural del Prat de Cabanes-
Torreblanca nos daremos una vuelta por el casco
antiguo de la ciudad de Oropesa del Mar para
acceder al cuarto parque natural de esta ruta: El
Desert de les Palmes. Recorreremos estas montañas y
nos deleitaremos con una vegetación espectacular.
Descubriremos las ermitas y los conventos situados
a lo largo y ancho del parque natural y nos
conmoveremos con las maravillosas vistas que
desde este paraje se nos ofrecen del mar
Mediterráneo. Tras nuestras incursiones por el Desert
de les Palmes, la ruta culminará con un paseo por la
capital de la provincia: Castellón de la Plana.
Del Tómbolo de Peñíscola a
los acantilados de la Serra d’Irta
La ciudad de Peñíscola se sitúa sobre una península
rocosa que, en su origen, estaba unida a la tierra
solamente por un istmo de arena que hacía fácil su
defensa y que, en tiempos antiguos, una semana al
año se inundaba y el istmo quedaba sepultado bajo el
agua del mar. Actualmente, debido a la construcción
del puerto y de los edificios en el istmo, este curioso
hecho ha desaparecido. Sobre esta península rocosa se
levanta el casco viejo y, coronando el peñón, el castillo
del Papa Luna. Peñíscola, con esta especial disposición
geográfica, es “la ciudad en el mar”; enamora y
embruja, vista desde las playas adyacentes. Tras estas
primeras impresiones que genera Peñíscola nos
adentramos en su casco antiguo y en su historia. El
castillo de Peñíscola fue construido por los templarios
sobre los restos de la alcazaba árabe, entre 1294 y
1307, y reformado por la Orden de Montesa. Este
castillo fue testigo de excepción durante el siglo XIV
del cisma de Occidente, cuando la Iglesia Católica
quedó dividida en dos. Pedro Martínez de Luna, más
conocido como Papa Luna, fue nombrado Papa por
una de las dos corrientes católicas que creía legítima
su postura como máxima autoridad eclesiástica, en
concreto, por la rama de Avignon frente a la de Roma.