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dos imponentes viaductos, el del barranco del
Fontanar, que tiene 190 metros de longitud y una
altura máxima de 30 metros, y el viaducto sobre el
barranco del Forn del Vidre, que tiene una longitud
de 167 metros y una altura máxima de 40 metros
Superado el viaducto del Forn del Vidre la traza
comienza a discurrir por un terreno de orografía más
suave, las lomas de Tarraig. En este sector la traza
describe un gran arco para perder altura
gradualmente y situarse en las tierras llanas de la
huerta de Agost. A ambos lados de la vía se sitúan
grandes balsas donde se acumulan aguas para
abastecer los importantes regadíos de esta huerta.
Tras la gran doble curva del Tarraig la traza se
aproxima al casco urbano de esta localidad,
contorneando distintas fábricas de cerámica y
terrenos de huerta, hasta llegar al edificio del
apeadero de Agost, perteneciente a la línea férrea de
RENFE Madrid - Alicante, aunque antes de llegar a
este punto sería conveniente hacer una visita al
pueblo de Agost. Como hemos comentado, en el
último tramo de la vía verde del Maigmó
encontramos diversas fábricas de cerámica. En Agost
las tierras arcillosas y blanquecinas de las sierras del
Ventós o del Castellar han sido la fuente tradicional de
su riqueza, centrada en la elaboración artesanal de su
cerámica, entre la que destacan los ladrillos, enseres
domésticos y, sobre todo, botijos de un típico color
blanco marfileño. La tradición de la localidad en esta
industria hace que en la població, podamos encontrar
el Museo de la Cerámica donde se encontraba una
antigua alfarería. En él se puede contemplar el
proceso de creación artesanal de la alfarería con un
espectacular horno árabe y podemos encontrar
piezas de gran interés, en especial la colección de
cerámicas. Sería también interesante en Agost visitar
las ruinas del que fue poderoso castillo, declarado
Bien de Interés Cultural. Y antes de dejar la población
pasamos por la Ermita de las Santas Justa y Rufina,
patronas de la alfarería, construida en 1821. Desde la
estación de Agost y por caminos rurales y la carretera
CV-834 alcanzaremos Sant Vicent del Raspeig. Lo que
se contempla hoy en San Vicente del Raspeig es una
emergente ciudad muy cercana a quedar conurbada
con Alicante, una ciudad próspera por sus nuevos
espacios residenciales, su industrias, servicios y
centros de ocio y comerciales. Conocida como ciudad
universitaria desde que en 1979 se inaugurara en ella
la Universidad de Alicante, nos llama la atención la
iglesia de Sant Vicent Ferrer, del siglo XIX, edificada
sobre una antigua ermita del siglo XV. La construcción
de la ermita se justifica por la visita que hizo en el
siglo XV San Vicente Ferrer al caserío del Raspeig. De
hecho esta visita fue el origen del topónimo de la
localidad. Una avenida amplia une Alicante con Sant
Vicent del Raspeig. Alicante tiene su mejor reclamo
en la localización litoral, sus playas y un clima
privilegiado para el turismo de playa, con su gran
cantidad de horas de sol. Aunque si el viajero quiere
acercarse a su patrimonio cultural, histórico y artístico
Alicante tampoco le defraudará. En este sentido
debemos pasear por el casco antiguo, con sus calles
estrechas y empinadas donde llamarán nuestra
atención los blancos edificios tradicionales. Paseando
por estas calles descubriremos la iglesia concatedral
de San Nicolás de Bari, levantada sobre los restos de
una mezquita en de estilo renacentista herreriano.
Sobria en su aspecto exterior, su construcción se
realizó entre 1616 y 1662. El casco antiguo se
desparrama en torno a la montaña del Benacantil,
inserta en la ciudad y en primera línea de playa. De
material rocoso, tiene vegetación de pinos y otros
arbustos en la cara norte, mientras que en la sur, la
que da al mar Mediterráneo, solamente hay roca. En
las zonas de transición hay matorrales y hierbas
propias de la vegetación del clima mediterráneo seco.
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