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La ruta comienza en Requena, dentro de la comarca
de La Plana de Utiel-Requena, conocida
principalmente por la denominación de origen del
vino y por su rica gastronomía. Además goza de un
rico patrimonio histórico, como el Barrio de la Villa,
declarado Bien de Interés Cultural y Conjunto
Histórico-Artístico Nacional. Tras Requena, siguiendo
el río Magro, llegamos a Utiel y, tras pasar por las
localidades de Caudete de las Fuentes y Villargordo
del Cabriel, nos dirigimos al parque natural de las
Hoces del Cabriel, uno de los patrimonios naturales
más bellos e importantes de la Comunitat
Valenciana. El río Cabriel destaca por tener las aguas
con mejores condiciones fisioquímicas y, con sus
interminables meandros, marca, en gran parte de su
recorrido, la frontera entre Castilla la Mancha y la
Comunitat Valenciana. A lo largo del camino por la
ribera del río Cabriel descubrimos antiguas
estructuras energéticas, ganaderas, forestales y
agrícolas ya en desuso, pero que conforman un
itinerario de gran valor cultural. Este recorrido
permite, por tanto, además de adentrarnos en la
naturaleza, entrar en la historia, en las costumbres y
en unos modos de vida que han vuelto a
revalorizarse con el paso del tiempo. Tras el recorrido
por el río Cabriel hasta Cofrentes, y siguiendo hacia el
sur hasta Jalance, marcaremos en nuestra hoja de
ruta la dirección oeste para remontarnos por un
desfiladero espectacular de acantilados verticales del
río Júcar. Desde la Cueva de Don Juan, insertada en
el desfiladero del Júcar, tomaremos dirección a Ayora
pasando por el poblado íbero de Castellar de Meca
en la sierra del Mugrón, en el término municipal de
Almansa, en el que se encuentran los que,
probablemente, son los mejores sabinares de sabina
negra de la Comunitat Valenciana.
Empieza el trayecto: de la tierra
del vino hacia las aguas cristalinas.
Requena y Utiel
Requena, capital de la comarca de La Plana de Utiel-
Requena, posee un recinto medieval, el Barrio de la
Villa, cuya estructura actual fue realizada durante la
época almohade, en el siglo XII y el primer tercio del
siglo XIII. La Villa se asienta en una colina de toba
caliza que permitió, en su día, hacer de Requena un
fortín defensivo.
Pasear por las calles del barrio es un ejercicio de
reencuentro con la historia. Los callejones morunos,
la calle de Santa María, donde se asentaron los
Caballeros de la Nómina del Rey construyendo sus
casonas, y las diferentes cuestas como la del Cristo o
la del Ángel nos remiten a tiempos ancestrales, nos
hacen partícipes de la leyenda, de los anales, de la
memoria. El empedrado de las sinuosas calles de
Requena, subiendo por la calle del Cristo, nos
conduce hasta la plaza de la Villa, auténtico centro
neurálgico de la ciudad desde tiempos inmemoriales.
Bajo la misma encontramos las cuevas de la Villa que
fueron construidas por los árabes al horadar la toba
caliza y penetrar en el subsuelo, extrayendo la arcilla
y formando las bóvedas de las cuevas. Entre los
diferentes usos que se le ha dado a las cuevas a lo
largo de la historia destaca la utilización de los
laberínticos pasadizos y estancias como refugios en
las diferentes épocas de guerra, como silos para
almacenar los cereales y, sin duda alguna, el uso más
reciente e importante que han tenido, como
bodegas de elaboración y conservación de vinos. De