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arquitectura popular nos dirigiremos a la villa de La
Nucia, a tan sólo un kilómetro. La Nucia, como casi
todas las poblaciones de la zona, debe su origen a
una alquería árabe. El paisaje de su entorno muestra
una original topografía por la presencia de diferentes
cerros que han sido aprovechados para la ubicación
de diferentes urbanizaciones. En La Nucia el influjo del
turismo litoral ha arrinconado su antigua dedicación
agrícola. Su trama urbana se extiende con bastante
armonía por un agradable llano a los pies de los cerros
de Les Forques. Paseando por las calles de La Nucia,
nos encontraremos con la Seu Universitària, antiguo
edificio del Colegio Público San Rafael, situado en
pleno casco urbano e inaugurado en el año 1936. El
edificio ha sido reformado y ampliado en 2007 para
convertirse en la sede permanente de la Universitat
d'Alacant en La Nucia. El proyecto, diseño del
arquitecto local José Luis Campos Rosique, supone
una apuesta arriesgada que concilia lo antiguo y lo
nuevo y está llamado a convertirse en un referente de
la región. Desde La Nucia alcanzaremos Altea
mediante la carretera CV-760; no obstante, los que
prefieran la tranquilidad del paseo a pie o en bicicleta
pueden llegar a Altea entre paisajes rurales mediante
caminos agrícolas como el de la Lloma. Si el Castell de
Guadalest es un icono del turismo de la zona de
montaña de la Marina Baixa, la cúpula de la iglesia de
Altea, toda azul y con decoración
geométrica blanca
coronando el cerro del casco
antiguo, lo es del litoral; no en
vano, se le conoce como “la
cúpula del Mediterráneo”. La
tranquilidad de su casco
histórico ha hecho de Altea,
desde hace décadas, lugar de
visita y residencia de artistas y
artesanos: Eberhard Schlotter,
Rafael Alberti, Vicente Blasco
Ibáñez o Josh Rouse. En su trama
urbana de callejuelas empinadas
y estrecheces acogedoras que se abren, de tanto en
tanto, a miradores y pequeñas glorietas, nos
encontramos con la torre de la Galera, declarada Bien
de Interés Cultural. Pese a su proyección turística, o
precisamente por ello, Altea no ha dejado nunca de
ser un pequeño pueblo pesquero con sus casas
blancas, sus flores y sus calles empedradas. Por si fuera
poco, al norte la sierra de Bèrnia crea un escudo de
sólida roca, que impide que penetren en la bahía los
fríos vientos e influencias del exterior, creando un
mágico microclima. Si nos alejamos del núcleo urbano
en dirección a la línea de costa no debemos
perdernos parajes como los de las playas de la Roda, la
de Cap Blanch, de Cap Negret, Cala del Soio o la de la
Olla. Ni calas de grava como la Barreta. Por otra parte, a
los pies de la sierra de Bèrnia se localiza el primitivo
emplazamiento de Altea. Nos referimos a Altea la Vella.
Si nos acercamos hoy por allí podremos disfrutar de
un entrañable núcleo urbano, con un bello calvario
decorado con llamativos cipreses. Desde Altea nuestra
ruta hace camino en dirección a L’Alfàs del Pi por los
apacibles caminos rurales dels Arcs y de Alteas. L’Alfàs
del Pi ha adquirido renombre internacional por su
Festival de Cine celebrado en julio. En L’Alfàs del Pi
encontramos un curioso dato y es que, más de la