- 163
162
afamadas alfombras le dieron el sobrenombre de
ciudad de la alfombra, situada a los pies de la sierra
homónima, con su cima del pico de La Vella, y la de
la Madera. Aunque históricamente fue el esparto y
sus esteras exportadas al extranjero (llamadas en
Francia le
tapis d’Espagne
) la base de la industria
crevillentina. En su núcleo urbano destaca la
monumental iglesia parroquial de Nuestra Señora de
Belén, del siglo XVIII, que en su interior guarda los
pasos de la Semana Santa, de Mariano Benlliure; la
casa consistorial, de 1901; la torre campanario de la
iglesia vieja; el paseo del Calvario; el barrio de la
Morería y el castillo viejo y las murallas, declarados
Bien de Interés Cultural. Sus fiestas de Moros y
Cristianos y su Semana Santa han sido declaradas
Fiestas de Interés Turístico Nacional. Una mirada
sosegada debe llevarnos hasta las viviendas en
cuevas excavadas en las laderas de los barrancos
cercanos. En las cercanías del núcleo urbano es
posible visitar los yacimientos arqueológicos de la
Ratlla del Bubo (del Paleolítico Superior), del
Calcolítico, en el poblado de Les Moreres, y de la
cultura íbera, en el poblado de Peña Negra.
Recorreremos el parque San Cayetano, el centro de
educación ambiental Los Molinos y las ermitas de
San Isidro y San Pascual. Después de la visita a
Crevillent nos acercamos al parque natural del Fondo
desde la zona norte, en un lugar conocido como
Segunda Elevación de Riegos de Levante, sin duda el
mejor paseo para disfrutar del corazón del paraje. Un
itinerario de ida y vuelta, perfectamente señalizado,
da acceso a tres observatorios, estratégicamente
localizados y disimulados sobre los embalses de
Levante y de Poniente. Un paraíso para los
ornitólogos y para cualquier persona sensible ante la
visión de la vida salvaje, especialmente de la avifauna
en libertad. Nada mejor que las primeras horas de un
día de primavera o de otoño con el cielo despejado
para disfrutar de la vida, la luz y el color de este
entorno natural. Ocre por todas partes bajo el azul
turquesa del cielo y, por el suelo y a contraluz, la
colorista salicornia que aportará su rojo intenso al
bello cromatismo del Fondo, mientras una nube de
anátidas rompe el silencio cubriendo por unos
instantes todo el horizonte del parque. Todo un
milagro visual y estético más allá de sus valores
biológicos. También descubriremos que son los
ornitólogos los que mejor controlan el ritmo vital del
parque, llamándonos la atención su discreto,
silencioso y observador trabajo, prismáticos en mano,
desde los miradores. Con su tarea y contemplación
científica dignifican el paraje convirtiéndose así para
el viajero en la mejor guía posible en estas llanuras
húmedas. Tras esta gratificante experiencia nos
dirigimos a Santa Pola por la CV-851 para visitar un
nuevo parque natural, el de las Salinas de Santa Pola.
Una torre de vigilancia
entre saladares
A la entrada de Santa Pola por la carretera CV-865 se
localiza a la derecha el centro de información del
Museo de la Sal, nuestra puerta de entrada y de
aproximación al parque natural. En dicho centro se
nos mostrará la cultura y trabajos de la extracción de
la sal. Alrededor de él se ha señalizado un itinerario
que lleva a un punto de observación de aves
privilegiado, ya que probablemente sea el mejor
rincón del parque para la observación del flamenco.
El parque natural de las Salinas de Santa Pola, dadas
sus características geomorfológicas, el clima, y la
escasez de precipitaciones, es un refugio de valor
incalculable para la vida salvaje, especialmente para la
avifauna, siendo uno de los lugares más relevantes de