nuestro litoral no sólo para especies migratorias, sino
como punto de nidificación, dada también la
explotación de sal y la cercana línea de costa. En este
parque natural descubriremos horizontes abiertos,
anchas láminas de aguas de colores cambiantes con
sus inabarcables balsas de agua para las explotaciones
salineras de la zona, charcas con un uso piscícola, una
exuberante vegetación y la presencia de vida animal
singular, como los flamencos, responsables de gran
parte del funcionamiento del ecosistema del saladar.
En las balsas de agua de la extracción de la sal es
donde se produce el ciclo biológico que da soporte a
la industria salinera.,Los flamencos son la clave ya que,
entre otros alimentos, se nutren del pequeño
crustáceo llamado artemia salina, una especie propia
de los ambientes hipersalinos. Los excrementos de los
flamencos aportan los nutrientes y minerales
necesarios para que se desarrollen especies de
bacterias halófilas –
halo
, palabra latina que significa sal
- que viven en el fondo de las balsas de las salinas y
que favorecen la impermeabilización de los fondos de
las balsas y protegen la capa inferior de la excesiva
insolación. Estas bacterias también son responsables
del peculiar cromatismo rosado de las láminas de agua
del parque natural. En los dunares de la restinga, que
separa la zona húmeda del mar, destacan las bellas
masas forestales de pino piñonero y pino carrasco, que
fueron plantadas para fijar las dunas, conformando hoy
un conjunto paisajístico muy llamativo y contrastado
con las balsas salineras y el azul del mar. Por lo que
respecta a la avifauna descubriremos especies
sedentarias, migratorias, estivales, invernantes y
nidificantes, como consecuencia de la circulación
permanente de agua marina: la cigüenuela, el
chorlitejo patinegro, el charrancito, el aguilucho
lagunero y el carricerín común. Especial atención
tienen los flamencos, que han convertido a las salinas
de Santa Pola en uno de sus santuarios, con miles de
ejemplares durante la época de cría.
Las pirámides de sal, con su tonalidad blanca
recortando el horizonte llano del parque, dan fuerza
visual y estética a la industria salinera, y la Torre
Tamarit, declarada Bien de Interés cultural, localizada
en el mismo centro del parque y rodeada por un
espejo de agua, es, sin duda, el emblema del parque.
El espacio protegido, declarado parque natural en
1994, se extiende sobre un total de 2.496 hectáreas y
en la actualidad todavía está permitida la caza entre
octubre y enero y la pesca de la anguila con
métodos tradicionales.
Tras conocer dos de los parques más peculiares e
irrepetibles de la Comunitat Valenciana visitaremos el
cercano municipio de Santa Pola, que tiene su origen
en un primer poblamiento íbero, sobre el que se
edificó, por parte romana, el Portus Ilicitanus, del
siglo I d.C., como puerto de la colonia romana de Ilici,
además de la relevante factoría de salazones del
yacimiento arqueológico de la Picola, de los siglos I al
III d.C. Hoy en Santa Pola encontraremos una ciudad
con una dedicación dual entre el turismo y la pesca,
teniendo el puerto y el castillo como centro y con
dos parajes naturales que la flanquean, el parque
natural de las Salinas de Santa Pola y la Sierra,
poblada por un bosque de pinos, y el Cabo de Santa
Pola. En nuestro paseo por el casco urbano
encontramos la sencilla iglesia parroquial; el castillo
fortaleza del siglo XIV, declarado Bien de Interés
Cultural; la casa romana del Palmeral, con mosaicos
policromados y murales; las ruinas del puerto
romano; el molino la Calera, del siglo XVIII, y los
Museos de la Pesca y del Mar. En sus alrededores, y
término destacan las bellas playas y las torres vigía
del siglo XVI, declaradas Bien de Interés Cultural, de
Atalayola –obra cuya estructura se utilizó en 1858
para la ubicación del actual faro-, de Escaletes y la
mencionada de Tamarit, en el interior del parque
natural de las Salinas de Santa Pola.
Ruta 15
De Orihuela a Elx